domingo

Jade

En mayo de 2011 Teresa Amy publicó su libro Jade, editado por Yaugurú (Montevideo, Uruguay). Se trata del libro que había ganado en 2008 el Premio anual de Literatura del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay.
En la isla de Egina (Grecia, 1998)

Teresa Amy (teresa.amy@gmail.com) nació en Montevideo.
Tiene publicados los siguientes poemarios:  Corazón de Roble: (Vintén Editor, 1995), Retratos del Merodeador (Vintén Editor, 1999), Cuaderno de las Islas (Ediciones del Mirador, 2003), Cortejo Mínimo (Artefato, 2005) y Jade (Yaugurú, 2011).

En 2008 obtuvo el premio anual del Ministerio de Educación y Cultura en categoría poesía inédita por su poemario Jade. Antes había obtenido varias menciones en ese mismo premio nacional.

Asimismo ha publicado como traductora la primera selección en español de la poesía del escritor checo Jan Skácel, en colaboración con el Ing. Alfredo Infanzón, titulada La más larga de las noches (Ácrono editores, México, 2002); el libro Lamento por Belgrado, del escritor serbio Milos Cernianski, en colaboración de Lazar Manojlovic (Ácrono editores, México, 2003) y El salón de la luna, del macedonio Vlada Urosevic (incluido en Cortejo mínimo, artefato, Montevideo, 2005).

En el momento actual ha terminado la traducción de una muestra de la poesía checa que aparecerá en la colección "20delXX" de la editorial mexicana La Otra; y trabaja asimismo en la traducción, desde el francés, de una antología de poesía macedonia.

jueves

Salida al mar

El 24 de octubre de 2010 Teresa Amy participó del encuentro de poesía Salida al mar, organizado por Christian Nápoli en Buenos Aires.
A continuación la cobertura del diario argentino Página/12 acerca de ese festival:

por  Silvina Friera

En esta edición de Salida al Mar se realizará un homenaje a la poeta uruguaya Idea Vilariño. “Fue una artista de la crudeza –la define Cristian De Nápoli–. Sus versos tienen la cualidad de ser claros y extremadamente exigentes; le piden al lector que los interprete desde toda su experiencia de vida y sin la menor formalidad.” Si hoy es poco lo que se la lee fuera de Uruguay, para De Nápoli debe ser porque no circulan sus libros –“lo que es una pena”–, o porque “los tiempos no son los mejores para quitarse las máscaras y leerla”. Teresa Amy conoció a Vilariño en el preuniversitario. La autora de La suplicante fue profesora de la joven Amy en el ’68, “un año muy fermental en todo sentido, en especial en aquel instituto, el IAVA –recuerda la poeta–. Luego la leí más a fondo y fui recibiendo el impacto de sus poemas graves, despojados, desolados, que percutían en el oído de la sensibilidad. Cuando el reconocimiento hacia su obra era unánime en el Río de la Plata y ya era la poeta mayor que con justicia terminó siendo, volví a encontrarla para un ciclo de lecturas que yo organizaba en Montevideo, llamado Poesía Cuerpo a Cuerpo, en el que tuve la suerte de que aceptara participar. En esa noche de mediados de los noventa, que titulamos Siete Poetas Capitales, porque reunimos a los que en ese momento eran las voces mayores de nuestra poesía, hizo una de sus últimas lecturas en público. No sé, incluso, si no fue su última lectura”.

* * *

El festival latinoamericano de poesía Salida al Mar es un clásico itinerante que moviliza a poetas, editores y una tribu lectora con hormigas en los ojos, ávida por escuchar voces emergentes y consagradas. La séptima edición, que comienza hoy, renueva el rito de lecturas, charlas, performances y música, con la siempre esperada feria de publicaciones que pone al alcance de los bolsillos revistas del continente y libros de editoriales como Bajo La luna, Black & Vermelho, El niño Stanton, Tierra Firme, IAP y Gog y Magog, entre otras. La movida “más gitana” que se organiza por estos pagos tendrá en esta ocasión dos centros de operaciones: la librería y espacio de arte La libre (San Telmo) y Garrick (Caballito). La muchachada feliz podrá disfrutar de los poemas de David Wapner, Juan Desiderio, Jonás Gómez, Malena Rey, Josefina Saffioti, Francisco Bitar y Federico Leguizamón, entre otros; y de los invitados internacionales como Inti García (México), Mariana Barrios (Bolivia), Teresa Amy (Uruguay) y Horácio Costa (Brasil). La propuesta viene con un bonus track para deleitar los oídos: un homenaje a la poeta uruguaya Idea Vilariño (ver aparte). Más allá de los esfuerzos por sostener los pilares de este encuentro hecho a pulmón, uno de los “padres organizadores” desde la primera edición, el poeta Cristián De Nápoli, dice que “cuando uno no está embanderado en ningún tipo de escuela artística en particular, hacer un festival de poesía es algo más bien sencillo”.

La sencillez no debe leerse como resignación, mucho menos como “hacer lo que se puede”. El organizador aclara: “Se trata de invitar a poetas que se toman la poesía en serio, cualquiera sea la forma en que la encaren, y que se toman a sí mismos no tan en serio, sin demasiado ego, cosa que sepan estar a gusto en un festival, es decir con otros poetas. En este sentido, el festival toma posición frente a lo que muchas veces se supone que es la ‘marca’ del artista: su irascibilidad, su desdén por toda forma más o menos colectiva de participación”. De Nápoli afila su garrote para cuestionar la marca festivalera que imprimen algunas instituciones. “Existe una dependencia bastante aguda en todo lo que son actividades culturales poco o nada rentables en sí mismas, respecto de un puñado de instituciones que las patrocinan; descontemos al Gobierno de la Ciudad, que con su carpita veraniega para la poesía emergente es muy poco lo que ofrece comparado con el Centro Cultural de España y otras entidades que se toman el trabajo de traer poetas y escritores de distintas partes del mundo –ironiza el poeta–. Desde este festival creemos en la necesidad de hacer cosas por fuera de esa marca institucional, y eso se refleja en el carácter trashumante del Salida al Mar, que todos los años cambia de sede como de poetas invitados.”

Se dice que la poesía en Latinoamérica atraviesa un momento de mucha vitalidad. ¿Será el “clima de época” o habrá algo más allá que anida en el modo de hacer poesía en esta parte del mundo? “Es más fácil dar a conocer lo que se produce en la net, y eso es válido para la poesía como para cualquier discurso o formulación –plantea Horácio Costa, autor de El libro de los fracta, Paulistanas/Homoeróticas y Ravenalas, entre otros poemarios–. El mundo de hoy es perfectamente laberíntico, como el del barroco o del manierismo. Hay parte del heroísmo de hacer poesía bajo regímenes menos civiles que se olvidó. ¿Será una gran pérdida? No lo creo, no soy ‘saudosista’ del peligro o de la represión –reconoce el poeta–. Pero mucha gente que escribe espera reconocimiento inmediato, porque cree que la escritura de poesía es un lugar propio para el crecimiento, el ejercicio de su ego. Hay aquí algo de la ideología de la aristocracia del espíritu, propia de las vanguardias de la Alta Modernidad, pero hay también buen sentido común, incitación al decoro de la escritura, entendámonos.” Costa disfruta de la lectura de sus poemas.

La poeta uruguaya Teresa Amy opina que experiencias como Salida al Mar son espacios de encuentro y reconocimiento mutuo entre los poetas, “de generación de algo parecido a un público, aunque algunas veces ese público seamos los mismos poetas”. “En todo caso, en un género como la poesía, tan alejado de los grandes canales de distribución editorial, estas experiencias son algo que pasa a ser esencial”, agrega la autora de Corazón de roble, Retratos del Merodeador y Cortejo Mínimo. Traductora del checo Jan Skácel, del serbio Milos Cernianski y del macedonio Vlada Urosevic, Amy subraya que no se sale indemne de un vuelo como el que implica traducir. “Es difícil saber qué prima. Si fue la empatía con las señas de identidad de la cultura del mundo eslavo lo que me llevó a elegir esos poetas, o si fue el haber traducido a esos poetas lo que me puso en sintonía y conflicto espiritual con su mundo”, confiesa la poeta.

A David Wapner le gusta leer sus poemas en vivo y en directo. “Disfruto mucho –cuenta este artista todoterreno que nació en Buenos Aires y desde el ’98 vive en Israel–; de modo que cada viaje a la Argentina lo aprovecho al mango. Para mí, leer en público es como cantar. Este festival tiene el plus de que me podré juntar con otros poetas, tal como lo hacíamos en los ’90, en un acto de lectura colectiva, hacerme de algunos libros que me regalarán, o compraré, o cambiaré por el mío nuevo, Mardablogues, que sale ya mismo, editado por Imprenta Argentina de Poesía.” En el principio, en el medio y hasta el fin está la poesía. “Todo lo que hago, desde los 14 años, es escribir poesía. Mis ojos, mi corazón, mi hígado, mis riñones, mis miembros cumplen diferentes funciones, con rasgos característicos, pero que se complementan, y son parte indisoluble de mí, de mi economía –explica Wapner–. Poema, canción, ficción, teatro, experimentación sonora son expresiones, extensiones, modulaciones de un mismo núcleo, de una preocupación primitiva hacia la cual se remite todo.”

El autor de Una novela de mil páginas advierte que a un poema no se lo discute: “Se lo lee, y luego cada uno ve qué es lo que hace con él”. Wapner recuerda que una joven crítica se puso nerviosa porque no le encontraba un eje a esa novela, “no pescaba el tema”. “Lo que la puso en crisis es la ambigüedad, la ‘doble lealtad’. La ambigüedad es una cualidad que una parte esencial de la humanidad no soporta. Se pide encuadramiento, alineación, casamiento. Yo soy un prófugo de la ley.”

domingo

Cortejo mínimo

De un óleo de Pedro Figari toma su título el cuarto libro de poesía de Teresa Amy (artefato, 2005). Incluye además, como bonus track, la traducción de El salón de la luna, del poeta macedonio Vlada Urosevic.

Cuaderno de las islas

Tercer libro de poesía de Teresa Amy. Publicado, esta vez, con Ediciones del Mirador (Montevideo, 2003).

Dice Roberto Appratto en el prólogo:
La poesía  (y eso es algo que la autora ha entendido cabalmente) es un discurso que produce sentido a partir de  las relaciones entre sonido y sintaxis, por un lado, y de ese conjunto con su objeto, inventado por él, por otro: en la medida en que ese objeto es tratado, a su vez, como un signo, y como la sintaxis en particular está basada en una lógica de elecciones, de analogías que se sostienen exclusivamente por el presente de lenguaje en el cual se dan , el sentido es una mirada que se renueva sin agotarse ni resolverse nunca, en una ambigüedad (tal vez el mayor logro, nuevo además, de Amy) que brilla extrañamente en los textos. De ahí que el tono continuo, de crónica de realidades, sirva de base a un encadenamiento de afirmaciones  en el que, como parte del diálogo con su objeto inasible, como un comentario simultaneo a las variaciones de su objeto, surge la subjetividad: es ahí, en ese trabajo de restricciones, despliegues y riesgos que  el ritmo impone, que trabaja la mirada, y  que el libro de crónicas se transforma, a pura conciencia del medio, en un  excelente libro de poesía.

Prólogo de Roberto Appratto a "Cuaderno de las islas"

Cuaderno de las islas puede parecer un libro de crónicas de viajes, un testimonio de experiencias en países lejanos  en que se ha sustituido la prosa objetiva, atenta a la vaciación de los detalles y a la impresión (mínima) que produce el paisaje en un visitante de otro lado del mundo, tal vez ansioso por descubrir  en lo exótico la razón de ser de su escritura, por la poesía.  Pero sucede que el traslado de géneros  implica, aun a ese nivel superficial, tal vez prejuicioso, cambios sustanciales: pasar a poesía una recorrida por lugares públicos y privados de un espacio ajeno  supone, en primer lugar, el paso de la horizontalidad de la prosa a la verticalidad de un solo tiempo, ése desde el cual  se escribe, que es el natural  de la poesía; de esa manera, lo que es lineal y sucesivo se hace lineal y simultáneo, pero también consciente. No es posible, por eso y en segundo lugar, privilegiar al referente sino a su versión de lenguaje, porque es éste el encargado de situar impresiones y asombros en una perspectiva que su propio discurso anima. Porque, en tercer lugar, las impresiones y los asombros se van construyendo como un diálogo que cada poema establece, a fuer de fiel a la  descripción, a fuer de sincero a un nivel que sólo la poesía entiende, entre su lengua y sus similares en la realidad que describe: los nombres, los datos, las palabras en otro idioma, anclan la visión en eso, que es una forma particular de realidad, y una forma particuar de dar cuenta de la realidad.
Pero además, si la poesía está centrada en la mirada, si estos textos son ejercicios de visualización  ( tanto de los “lugares”  como de las fases de la luna, como de espacios íntimos) es porque en ellos se mira con las palabras. Ése es otro nivel  del libro, el más arriesgado, y que Teresa Amy  entiende como consecuencia de situarse en una clave poética sin renunciar a la descripción: el lenguaje se usa para mirar, para seguir objetos, para seguir accidentes de la realidad, y no como vehículo neutro de la mirada; en vez de asistir al espectáculo de lo exterior, se interviene en él, se loabre para sacar de ahí las historias que su superficie revela. Y es en este punto, tal vez el más cercano a una ética de la composición del libro, que el lector se pregunta: ¿descripción de qué son los poemas? Si hay una mirada a los datos, a los aspectos, a los volúmenes, a las decoraciones, a las circunstancias; si hay u un apego a la superficie, esa actitud mimética  es inversamente proporcional  a la desrealización que el lenguaje poético imprime. De ahí lo de poner lugares entre comillas, porque la mirada misma agota la realidad de lo visible para pasar a otro estrato: ése de la sintaxis respiratoria que permiten los blancos y los cortes, y donde se juega más la técnica escritural de Amy. El tono es descriptivo, pero las cosas dejan de verse una vez que esa máquina poética, de razonamiento interno al dato, se pone en funcionamiento.
La poesía (y eso es algo que la autora ha entendido cabalmente) es un discurso que produce sentido a partir de  las relaciones entre sonido y sintaxis, por un lado, y  de ese conjunto con su objeto, inventado por él, por otro: en la medida en que ese objeto es tratado, a su vez, como un signo, y como la sintaxis en particular está basada en una lógica de elecciones, de analogías que se sostienen exclusivamente por el presente de lenguaje en el cual se dan , el sentido es una mirada que se renueva sin agotarse ni resolverse nunca, en una ambigüedad (tal vez el mayor logro, nuevo además, de Amy) que brilla extrañamente en los textos. De ahí que el tono continuo, de crónica de realidades, sirva de base a un encadenamiento de afirmaciones en el que, como parte del diálogo con su objeto inasible, como un comentario simultaneo a las variaciones de su objeto, surge la subjetividad: es ahí, en ese trabajo de restricciones, despliegues y riesgos que  el ritmo impone, que trabaja la mirada, y que el libro de crónicas se transforma, a pura conciencia del medio, en un  excelente libro de poesía.

Roberto Appratto

Retratos del merodeador y otros poemas

Su segundo libro de poesía, también publicado con Vintén Editor (Montevideo), esta vez en 1999.

Escribe Marosa Di Giorgio en el prólogo:
...Teresa Amy trae otra copa y otra rosa y las para sobre la mesa.
Y parece ser una noche lila, bíblica, estrellada, cuando se produce la visión, la invocación, el recuerdo, toda la imagen, y una parte más (...)
Teresa Amy en su ajedrez.
Sus vocablos iluminados,
precisos, inasibles.
Marcan el compás
la vuelta de los saxos
y los vendavales cerrados.
Miremos a la equilibrista danzando en esa aurora.

Prólogo de Marosa Di Giorgio a "Retratos del Merodeador y otros poemas"

"Teresa Amy, Corazón de roble, traductora del checo Jan Skácel, visitante aguerrida de Granada y de Delfos y Estambul, trae otra copa y otra rosa y las para sobre la mesa.

Y parece ser una noche lila, bíblica, estrellada, cuando se produce la visión, la invocación, el recuerdo, toda la imagen, y una parte más.

Maneja aparentemente, la ceremonia, delante; sus joyas son de madera, y se forman tacitas de porcelana por todos los rumbos, en número de tres, y algún griego pececito de oro.

Mas, tras de ella, está el Insomnio; hay que mirarlo ahí, las alas tiesas, abiertas. Echando tenue sal; esa sal nacarada y fúnebre.
Y aquella campana, y el Mar de Mármara, y el Mar de los Mármoles, y...
Y esa gamuza que se traslada sin moverse.

Me ocurren estas palabras, y otras muchas, al leer Retratos del merodeador y otros poemas, de Teresa Amy.

Así hay que irrumpir a su fila sin final y oír y acompasar cuando ella canta y oye:
 “Yo voy de brazos desplegados
            fucsia fuerte y verdes de mariposa me deslizo
   sobre la cuerda que me tiende tu mirada
   hacia tu hermoso corazón. Voy
   y vuelvo  Sostenida (alma mía
   refugio barquito arrebatado)
   por ti (diciéndome te estoy mirando
   siempre)  Hoy
   entrecerraste los ojos y yo
   dudé en el aire  Temblando”

Hay que apostar, pues, en esta mariposa pintada a dos pinceles: rosa subido, profundo rosa, y verde con presagios.
Y sobre todo, si de la muerte torna Daniel Vaz Amy, el primo. Y torna “Señor de los guerreros chinos y de los alebrijes”.
Teresa Amy en su ajedrez.
Sus vocablos iluminados,
precisos, inasibles.
Marcan el compás
la vuelta de los saxos
y los vendavales cerrados.
Miremos a la equilibrista danzando en esa aurora".
                                             
Marosa Di Giorgio

"Corazón de Roble:

Luego de un largo proceso de selección de lo escrito desde comienzos de los 80, la autora entrega los orginales de este libro a Vintén Editor que lo publica en 1995.
De las notas del editor Daymán Cabrera: "Este primer libro de Teresa Amy nos la muestra como una poeta en plena posesión de un lenguaje propio, donde los resultados de su reflexión poética -con denodado afán de brevedad silogística-, se nos aparecen como cuadros llenos de color y luz dando lugar a que la palabra, más que decir sugiera con pincelada minuciosa, la originalidad de su visión."

Prólogo de Salvador Puig a "Corazón de Roble:

La impresión al leer por primera vez estos poemas fue de sorpresa: sus versos no descansan en una rutina prestigiosa, no delatan influencias de moda, ni encajan en lo que estamos acostumbrados a percibir como innovaciones en la poesía que se escribe hoy en Uruguay.
Advertir que se cuenta algo --a veces hasta se intuye el escenario--  y a la vez descubrir que lo contado es el mínimo soporte indispensable de ritmos reflexivos, de trabajada emotividad, garabatos que en todo caso se imponen como el verdadero texto de Teresa Amy.
Por allí resuelve la autora el dilema entre significado y sentido de las palabras, aceptando con naturalidad los lastres del signo, aprovechándolos incluso para mejor establecer una perspectiva u otra ilusión óptica. Pero haciendo sentir que lo que importa está adelante, mucho más cerca, aunque no tan nítido.
Lo que más cerca está son esos signos, que si bien nos remiten a un episodio, a una forma del juego, del arte o del amor, se las arreglan para forzar otro sentido, redibujando las zonas de contacto emocional e intelectivo con el lector. Así, hay un poema que establece un campo de visibilidad deliberadamente lento, una mano al borde de una movida de ajedrez, al que se superpone el avanzar de las palabras que alteran la situación hasta ubicarnos en una partida diferente. Otro, que toca puntos claves de la relación entrañable con la obra de un pintor, y que se resuelve en una entrevista conversación imposible, como Belas Artes.
Menciono esos dos textos, quizá, porque fueron los primeros de este libro que conocí, y activaron una de las secretas fruiciones  que puede experimentar un lector:  la de enfrentarse a un texto radicalmente desconocido, unos papeles sin referencia alguna ni valores prestablecidos, y advertir la presencia de la poesía."

Salvador Puig