"Teresa Amy, Corazón de roble, traductora del checo Jan Skácel, visitante aguerrida de Granada y de Delfos y Estambul, trae otra copa y otra rosa y las para sobre la mesa.
Y parece ser una noche lila, bíblica, estrellada, cuando se produce la visión, la invocación, el recuerdo, toda la imagen, y una parte más.
Maneja aparentemente, la ceremonia, delante; sus joyas son de madera, y se forman tacitas de porcelana por todos los rumbos, en número de tres, y algún griego pececito de oro.
Mas, tras de ella, está el Insomnio; hay que mirarlo ahí, las alas tiesas, abiertas. Echando tenue sal; esa sal nacarada y fúnebre.
Y aquella campana, y el Mar de Mármara, y el Mar de los Mármoles, y...
Y esa gamuza que se traslada sin moverse.
Me ocurren estas palabras, y otras muchas, al leer Retratos del merodeador y otros poemas, de Teresa Amy.
Así hay que irrumpir a su fila sin final y oír y acompasar cuando ella canta y oye:
“Yo voy de brazos desplegados
fucsia fuerte y verdes de mariposa me deslizo
sobre la cuerda que me tiende tu mirada
hacia tu hermoso corazón. Voy
y vuelvo Sostenida (alma mía
refugio barquito arrebatado)
por ti (diciéndome te estoy mirando
siempre) Hoy
entrecerraste los ojos y yo
dudé en el aire Temblando”
Hay que apostar, pues, en esta mariposa pintada a dos pinceles: rosa subido, profundo rosa, y verde con presagios.
Y sobre todo, si de la muerte torna Daniel Vaz Amy, el primo. Y torna “Señor de los guerreros chinos y de los alebrijes”.
Teresa Amy en su ajedrez.
Sus vocablos iluminados,
precisos, inasibles.
Marcan el compás
la vuelta de los saxos
y los vendavales cerrados.
Miremos a la equilibrista danzando en esa aurora".
Marosa Di Giorgio