domingo

Prólogo de Salvador Puig a "Corazón de Roble:

La impresión al leer por primera vez estos poemas fue de sorpresa: sus versos no descansan en una rutina prestigiosa, no delatan influencias de moda, ni encajan en lo que estamos acostumbrados a percibir como innovaciones en la poesía que se escribe hoy en Uruguay.
Advertir que se cuenta algo --a veces hasta se intuye el escenario--  y a la vez descubrir que lo contado es el mínimo soporte indispensable de ritmos reflexivos, de trabajada emotividad, garabatos que en todo caso se imponen como el verdadero texto de Teresa Amy.
Por allí resuelve la autora el dilema entre significado y sentido de las palabras, aceptando con naturalidad los lastres del signo, aprovechándolos incluso para mejor establecer una perspectiva u otra ilusión óptica. Pero haciendo sentir que lo que importa está adelante, mucho más cerca, aunque no tan nítido.
Lo que más cerca está son esos signos, que si bien nos remiten a un episodio, a una forma del juego, del arte o del amor, se las arreglan para forzar otro sentido, redibujando las zonas de contacto emocional e intelectivo con el lector. Así, hay un poema que establece un campo de visibilidad deliberadamente lento, una mano al borde de una movida de ajedrez, al que se superpone el avanzar de las palabras que alteran la situación hasta ubicarnos en una partida diferente. Otro, que toca puntos claves de la relación entrañable con la obra de un pintor, y que se resuelve en una entrevista conversación imposible, como Belas Artes.
Menciono esos dos textos, quizá, porque fueron los primeros de este libro que conocí, y activaron una de las secretas fruiciones  que puede experimentar un lector:  la de enfrentarse a un texto radicalmente desconocido, unos papeles sin referencia alguna ni valores prestablecidos, y advertir la presencia de la poesía."

Salvador Puig