domingo
Cortejo mínimo
De un óleo de Pedro Figari toma su título el cuarto libro de poesía de Teresa Amy (artefato, 2005). Incluye además, como bonus track, la traducción de El salón de la luna, del poeta macedonio Vlada Urosevic.
Cuaderno de las islas
Tercer libro de poesía de Teresa Amy. Publicado, esta vez, con Ediciones del Mirador (Montevideo, 2003).
Dice Roberto Appratto en el prólogo:
Dice Roberto Appratto en el prólogo:
La poesía (y eso es algo que la autora ha entendido cabalmente) es un discurso que produce sentido a partir de las relaciones entre sonido y sintaxis, por un lado, y de ese conjunto con su objeto, inventado por él, por otro: en la medida en que ese objeto es tratado, a su vez, como un signo, y como la sintaxis en particular está basada en una lógica de elecciones, de analogías que se sostienen exclusivamente por el presente de lenguaje en el cual se dan , el sentido es una mirada que se renueva sin agotarse ni resolverse nunca, en una ambigüedad (tal vez el mayor logro, nuevo además, de Amy) que brilla extrañamente en los textos. De ahí que el tono continuo, de crónica de realidades, sirva de base a un encadenamiento de afirmaciones en el que, como parte del diálogo con su objeto inasible, como un comentario simultaneo a las variaciones de su objeto, surge la subjetividad: es ahí, en ese trabajo de restricciones, despliegues y riesgos que el ritmo impone, que trabaja la mirada, y que el libro de crónicas se transforma, a pura conciencia del medio, en un excelente libro de poesía.
Prólogo de Roberto Appratto a "Cuaderno de las islas"
Cuaderno de las islas puede parecer un libro de crónicas de viajes, un testimonio de experiencias en países lejanos en que se ha sustituido la prosa objetiva, atenta a la vaciación de los detalles y a la impresión (mínima) que produce el paisaje en un visitante de otro lado del mundo, tal vez ansioso por descubrir en lo exótico la razón de ser de su escritura, por la poesía. Pero sucede que el traslado de géneros implica, aun a ese nivel superficial, tal vez prejuicioso, cambios sustanciales: pasar a poesía una recorrida por lugares públicos y privados de un espacio ajeno supone, en primer lugar, el paso de la horizontalidad de la prosa a la verticalidad de un solo tiempo, ése desde el cual se escribe, que es el natural de la poesía; de esa manera, lo que es lineal y sucesivo se hace lineal y simultáneo, pero también consciente. No es posible, por eso y en segundo lugar, privilegiar al referente sino a su versión de lenguaje, porque es éste el encargado de situar impresiones y asombros en una perspectiva que su propio discurso anima. Porque, en tercer lugar, las impresiones y los asombros se van construyendo como un diálogo que cada poema establece, a fuer de fiel a la descripción, a fuer de sincero a un nivel que sólo la poesía entiende, entre su lengua y sus similares en la realidad que describe: los nombres, los datos, las palabras en otro idioma, anclan la visión en eso, que es una forma particular de realidad, y una forma particuar de dar cuenta de la realidad.
Pero además, si la poesía está centrada en la mirada, si estos textos son ejercicios de visualización ( tanto de los “lugares” como de las fases de la luna, como de espacios íntimos) es porque en ellos se mira con las palabras. Ése es otro nivel del libro, el más arriesgado, y que Teresa Amy entiende como consecuencia de situarse en una clave poética sin renunciar a la descripción: el lenguaje se usa para mirar, para seguir objetos, para seguir accidentes de la realidad, y no como vehículo neutro de la mirada; en vez de asistir al espectáculo de lo exterior, se interviene en él, se loabre para sacar de ahí las historias que su superficie revela. Y es en este punto, tal vez el más cercano a una ética de la composición del libro, que el lector se pregunta: ¿descripción de qué son los poemas? Si hay una mirada a los datos, a los aspectos, a los volúmenes, a las decoraciones, a las circunstancias; si hay u un apego a la superficie, esa actitud mimética es inversamente proporcional a la desrealización que el lenguaje poético imprime. De ahí lo de poner lugares entre comillas, porque la mirada misma agota la realidad de lo visible para pasar a otro estrato: ése de la sintaxis respiratoria que permiten los blancos y los cortes, y donde se juega más la técnica escritural de Amy. El tono es descriptivo, pero las cosas dejan de verse una vez que esa máquina poética, de razonamiento interno al dato, se pone en funcionamiento.
La poesía (y eso es algo que la autora ha entendido cabalmente) es un discurso que produce sentido a partir de las relaciones entre sonido y sintaxis, por un lado, y de ese conjunto con su objeto, inventado por él, por otro: en la medida en que ese objeto es tratado, a su vez, como un signo, y como la sintaxis en particular está basada en una lógica de elecciones, de analogías que se sostienen exclusivamente por el presente de lenguaje en el cual se dan , el sentido es una mirada que se renueva sin agotarse ni resolverse nunca, en una ambigüedad (tal vez el mayor logro, nuevo además, de Amy) que brilla extrañamente en los textos. De ahí que el tono continuo, de crónica de realidades, sirva de base a un encadenamiento de afirmaciones en el que, como parte del diálogo con su objeto inasible, como un comentario simultaneo a las variaciones de su objeto, surge la subjetividad: es ahí, en ese trabajo de restricciones, despliegues y riesgos que el ritmo impone, que trabaja la mirada, y que el libro de crónicas se transforma, a pura conciencia del medio, en un excelente libro de poesía.
Roberto Appratto
Pero además, si la poesía está centrada en la mirada, si estos textos son ejercicios de visualización ( tanto de los “lugares” como de las fases de la luna, como de espacios íntimos) es porque en ellos se mira con las palabras. Ése es otro nivel del libro, el más arriesgado, y que Teresa Amy entiende como consecuencia de situarse en una clave poética sin renunciar a la descripción: el lenguaje se usa para mirar, para seguir objetos, para seguir accidentes de la realidad, y no como vehículo neutro de la mirada; en vez de asistir al espectáculo de lo exterior, se interviene en él, se loabre para sacar de ahí las historias que su superficie revela. Y es en este punto, tal vez el más cercano a una ética de la composición del libro, que el lector se pregunta: ¿descripción de qué son los poemas? Si hay una mirada a los datos, a los aspectos, a los volúmenes, a las decoraciones, a las circunstancias; si hay u un apego a la superficie, esa actitud mimética es inversamente proporcional a la desrealización que el lenguaje poético imprime. De ahí lo de poner lugares entre comillas, porque la mirada misma agota la realidad de lo visible para pasar a otro estrato: ése de la sintaxis respiratoria que permiten los blancos y los cortes, y donde se juega más la técnica escritural de Amy. El tono es descriptivo, pero las cosas dejan de verse una vez que esa máquina poética, de razonamiento interno al dato, se pone en funcionamiento.
La poesía (y eso es algo que la autora ha entendido cabalmente) es un discurso que produce sentido a partir de las relaciones entre sonido y sintaxis, por un lado, y de ese conjunto con su objeto, inventado por él, por otro: en la medida en que ese objeto es tratado, a su vez, como un signo, y como la sintaxis en particular está basada en una lógica de elecciones, de analogías que se sostienen exclusivamente por el presente de lenguaje en el cual se dan , el sentido es una mirada que se renueva sin agotarse ni resolverse nunca, en una ambigüedad (tal vez el mayor logro, nuevo además, de Amy) que brilla extrañamente en los textos. De ahí que el tono continuo, de crónica de realidades, sirva de base a un encadenamiento de afirmaciones en el que, como parte del diálogo con su objeto inasible, como un comentario simultaneo a las variaciones de su objeto, surge la subjetividad: es ahí, en ese trabajo de restricciones, despliegues y riesgos que el ritmo impone, que trabaja la mirada, y que el libro de crónicas se transforma, a pura conciencia del medio, en un excelente libro de poesía.
Roberto Appratto
Retratos del merodeador y otros poemas
Su segundo libro de poesía, también publicado con Vintén Editor (Montevideo), esta vez en 1999.
Escribe Marosa Di Giorgio en el prólogo:
Escribe Marosa Di Giorgio en el prólogo:
...Teresa Amy trae otra copa y otra rosa y las para sobre la mesa.
Y parece ser una noche lila, bíblica, estrellada, cuando se produce la visión, la invocación, el recuerdo, toda la imagen, y una parte más (...)
Teresa Amy en su ajedrez.
Sus vocablos iluminados,
precisos, inasibles.
Marcan el compás
la vuelta de los saxos
y los vendavales cerrados.
Miremos a la equilibrista danzando en esa aurora.
Prólogo de Marosa Di Giorgio a "Retratos del Merodeador y otros poemas"
"Teresa Amy, Corazón de roble, traductora del checo Jan Skácel, visitante aguerrida de Granada y de Delfos y Estambul, trae otra copa y otra rosa y las para sobre la mesa.
Y parece ser una noche lila, bíblica, estrellada, cuando se produce la visión, la invocación, el recuerdo, toda la imagen, y una parte más.
Maneja aparentemente, la ceremonia, delante; sus joyas son de madera, y se forman tacitas de porcelana por todos los rumbos, en número de tres, y algún griego pececito de oro.
Mas, tras de ella, está el Insomnio; hay que mirarlo ahí, las alas tiesas, abiertas. Echando tenue sal; esa sal nacarada y fúnebre.
Y aquella campana, y el Mar de Mármara, y el Mar de los Mármoles, y...
Y esa gamuza que se traslada sin moverse.
Me ocurren estas palabras, y otras muchas, al leer Retratos del merodeador y otros poemas, de Teresa Amy.
Así hay que irrumpir a su fila sin final y oír y acompasar cuando ella canta y oye:
“Yo voy de brazos desplegados
fucsia fuerte y verdes de mariposa me deslizo
sobre la cuerda que me tiende tu mirada
hacia tu hermoso corazón. Voy
y vuelvo Sostenida (alma mía
refugio barquito arrebatado)
por ti (diciéndome te estoy mirando
siempre) Hoy
entrecerraste los ojos y yo
dudé en el aire Temblando”
Hay que apostar, pues, en esta mariposa pintada a dos pinceles: rosa subido, profundo rosa, y verde con presagios.
Y sobre todo, si de la muerte torna Daniel Vaz Amy, el primo. Y torna “Señor de los guerreros chinos y de los alebrijes”.
Teresa Amy en su ajedrez.
Sus vocablos iluminados,
precisos, inasibles.
Marcan el compás
la vuelta de los saxos
y los vendavales cerrados.
Miremos a la equilibrista danzando en esa aurora".
Marosa Di Giorgio
Y parece ser una noche lila, bíblica, estrellada, cuando se produce la visión, la invocación, el recuerdo, toda la imagen, y una parte más.
Maneja aparentemente, la ceremonia, delante; sus joyas son de madera, y se forman tacitas de porcelana por todos los rumbos, en número de tres, y algún griego pececito de oro.
Mas, tras de ella, está el Insomnio; hay que mirarlo ahí, las alas tiesas, abiertas. Echando tenue sal; esa sal nacarada y fúnebre.
Y aquella campana, y el Mar de Mármara, y el Mar de los Mármoles, y...
Y esa gamuza que se traslada sin moverse.
Me ocurren estas palabras, y otras muchas, al leer Retratos del merodeador y otros poemas, de Teresa Amy.
Así hay que irrumpir a su fila sin final y oír y acompasar cuando ella canta y oye:
“Yo voy de brazos desplegados
fucsia fuerte y verdes de mariposa me deslizo
sobre la cuerda que me tiende tu mirada
hacia tu hermoso corazón. Voy
y vuelvo Sostenida (alma mía
refugio barquito arrebatado)
por ti (diciéndome te estoy mirando
siempre) Hoy
entrecerraste los ojos y yo
dudé en el aire Temblando”
Hay que apostar, pues, en esta mariposa pintada a dos pinceles: rosa subido, profundo rosa, y verde con presagios.
Y sobre todo, si de la muerte torna Daniel Vaz Amy, el primo. Y torna “Señor de los guerreros chinos y de los alebrijes”.
Teresa Amy en su ajedrez.
Sus vocablos iluminados,
precisos, inasibles.
Marcan el compás
la vuelta de los saxos
y los vendavales cerrados.
Miremos a la equilibrista danzando en esa aurora".
Marosa Di Giorgio
"Corazón de Roble:
Luego de un largo proceso de selección de lo escrito desde comienzos de los 80, la autora entrega los orginales de este libro a Vintén Editor que lo publica en 1995.
De las notas del editor Daymán Cabrera: "Este primer libro de Teresa Amy nos la muestra como una poeta en plena posesión de un lenguaje propio, donde los resultados de su reflexión poética -con denodado afán de brevedad silogística-, se nos aparecen como cuadros llenos de color y luz dando lugar a que la palabra, más que decir sugiera con pincelada minuciosa, la originalidad de su visión."
De las notas del editor Daymán Cabrera: "Este primer libro de Teresa Amy nos la muestra como una poeta en plena posesión de un lenguaje propio, donde los resultados de su reflexión poética -con denodado afán de brevedad silogística-, se nos aparecen como cuadros llenos de color y luz dando lugar a que la palabra, más que decir sugiera con pincelada minuciosa, la originalidad de su visión."
Prólogo de Salvador Puig a "Corazón de Roble:
La impresión al leer por primera vez estos poemas fue de sorpresa: sus versos no descansan en una rutina prestigiosa, no delatan influencias de moda, ni encajan en lo que estamos acostumbrados a percibir como innovaciones en la poesía que se escribe hoy en Uruguay.
Advertir que se cuenta algo --a veces hasta se intuye el escenario-- y a la vez descubrir que lo contado es el mínimo soporte indispensable de ritmos reflexivos, de trabajada emotividad, garabatos que en todo caso se imponen como el verdadero texto de Teresa Amy.
Por allí resuelve la autora el dilema entre significado y sentido de las palabras, aceptando con naturalidad los lastres del signo, aprovechándolos incluso para mejor establecer una perspectiva u otra ilusión óptica. Pero haciendo sentir que lo que importa está adelante, mucho más cerca, aunque no tan nítido.
Lo que más cerca está son esos signos, que si bien nos remiten a un episodio, a una forma del juego, del arte o del amor, se las arreglan para forzar otro sentido, redibujando las zonas de contacto emocional e intelectivo con el lector. Así, hay un poema que establece un campo de visibilidad deliberadamente lento, una mano al borde de una movida de ajedrez, al que se superpone el avanzar de las palabras que alteran la situación hasta ubicarnos en una partida diferente. Otro, que toca puntos claves de la relación entrañable con la obra de un pintor, y que se resuelve en una entrevista conversación imposible, como Belas Artes.
Menciono esos dos textos, quizá, porque fueron los primeros de este libro que conocí, y activaron una de las secretas fruiciones que puede experimentar un lector: la de enfrentarse a un texto radicalmente desconocido, unos papeles sin referencia alguna ni valores prestablecidos, y advertir la presencia de la poesía."
Salvador Puig
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